La historia de mis desventuras

Palabras más, palabras menos sobre desarrollo de software.

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El bueno, el malo y el feo

Posted by Jhonny López Ramírez en 3 febrero 2010

Quiero sentar mi posición frente a la eterna batalla entre sistemas operativos del mercado. Puntualmente a la batalla entre Windows y Linux como sistemas operativos cliente.

Entre quienes me conocen es sabido que soy más adepto a las tecnologías Microsoft que a otras en diversos niveles: el sistema operativo que uso, las herramientas con las que trabajo, y, en algunos casos, los elementos con los que me entretengo. Y aunque esto puede hacer parecer mi posición parcializada es precisamente por eso por lo que el concepto de “libertad del usuario” debería propender. No voy a llevar esta opinión al plano de lo privativo versus lo libre porque en ese sentido pienso que no debe esperarse que todo el software del mundo sea libre. Yo creo que es de los pocos rubros (comerciales) en los que esperar tal cosa es siquiera pensable. Y es pensable gracias a las iniciativas Open Source y no voy a quejarme por eso: voy a disfrutarlo.

No, mi opinión va en otro sentido. Yo considero que a lo que se debe llegar en términos de sistemas operativos y software en general es a que el usuario pueda elegir entre un grupo de opciones. Como ocurre con todos los demás productos y servicios. Podés decantarte por tal o cual marca de electrodomésticos, por este u otro proveedor de telefonía, la tienda de ropa de aquí o la de allá. Esa es la verdadera libertad del usuario. Es cierto que en algunos aspectos el consumidor puede hacer por sí mismo las adecuaciones necesarias en el producto que adquiere: podés meterle mano al motor de tu carro; habrá quienes no tengan idea al respecto y lo lleven a su mecánico de confianza. Así las cosas, en el software habrá quienes quieran tocar la espina dorsal del sistema y habrá quienes ni lo pensarían y cada quien debería elegir de acuerdo a ese criterio. Pero si una empresa productora de software decide que sus productos son cerrados y que no debe aplicárseles, por ejemplo, ingeniería de reversa están en todo su derecho porque se trata de su creación. Y si como usuario quiero tener la libertad de mover “tornillos” aquí o allá pues simplemente actúo en consecuencia no usando lo que me venden. Y actuar en consecuencia también involucra el hecho de que yo no satanizo lo que decide llevar una filosofía contraria a la mía: simplemente no me gusta o no me conviene.

Dicho lo anterior me pronuncio sobre Windows y Linux:

Es cierto que Windows aún debe mejorar muchísimo en términos de seguridad (está más expuesto que el resto) y debe solucionar muchos fallos. Pero no es cierto que sea un mal producto (Vista es desafortunado pero no del todo malo). Es amigable, bonito, funcional, práctico y sumamente productivo. Está bien desarrollado (o desarrollalo vos si creés que lo hacés mejor) y su implementación es sencilla. A ese punto quiero llegar cuando produzco software. Me inspira. Y no tolero esa campaña sucia de desprestigio a todo lo que venga de Microsoft porque mucho de eso es falso y mal intencionado.

Linux es grande, encomiable, esperanzador, respetable y me tomaría un café encantado con quienes lo crean, lo mejoran, lo distribuyen. Ha avanzado cantidades en los últimos años y espero que llegue muy lejos (para que finalmente todos podamos elegir). Es cierto que me quejo de ese concepto medio torpe de dejar el grueso de las funcionalidades para su uso a través de la consola y sentirse satisfechos por ello (concepto que entiendo porque yo también tuve 20 años y quise ser un geek) porque eso los distancia del usuario del día a día; en todo caso allí reconozco y valoro iniciativas tan importantes como Ubuntu y todo lo que se ha incorporado en términos de interfaz de usuario amigable.

Finalmente: considero razonable que un vendedor me diga que su producto es el mejor. Y que luego venga su competencia y me diga que en su caso sí es cierto ser el mejor. Pero pienso que los usuarios, en el caso del software, deberíamos distanciarnos de posiciones en las que se predica que tal producto no sólo es el mejor sino que además el de la competencia es pésimo. No encuentro, en el caso de Linux (habrá distros, supongo), Windows (hay versiones) o Mac, un solo motivo para tildarlos de malos. Son simplemente diferentes. Hechos a la medida de su público.

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